Esto no es una película de terror,
ni brutal alegoría metalera.
Lejos de mí la metafísica moreneana.
Sólo un aro, de metal,
signo de matrimonio;
uno presente, otro ausente,
robado por la carencia
en los archivos olvidados de una joyería
o quizás fundido en el reciclaje.
¡Qué ironía!
Mi predilecta (entre-otras) actividades
condenando a mi símbolo sagrado.
Llegó a mi una evocación
al mirarlo en una mano.
Qué será del tuyo
y ya no sé del mío.
Pero tu recuerdo me rodea
circunferente también
¿un aro virtual?
La historia de la pérdida
se remonta a la separacion
de los dos materiales
hibridados en el objeto.
Un aro malogrado, peruanismo que asumo,
por ventura de la ansiedad
ansiedad rotadora.
Sólo me queda el recuerdo
de tu aro infinito,
un aro que nos une
aunque sea uno.
Que yo toco y beso
a 7 días de distancia.
Yo también cargo mi signo
y es citarte
ante la gente.
Mi boca materializa el metal perdido.
Amor, reencontremos ese oro
esa circunferencia inacabable
en este amor divino
que nos damos
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